lunes, mayo 25, 2009


Esa agua no es suya, esa boca tampoco, este cuento se acabó hace noches de noches. Las cosas dejan de dolernos cuando les ponemos un fin

así quedó el cielo después
de la tormenta.
AHORA, los peces se apilan en la orilla para
darle de comer, mis animales
se duermen, los manteles
huelen a ella, sus blancos bordes de flores lilas huelen a ella.

Él duda de si Volverá la fiebre pero sale a respirar las esquinas los panes algún fruto.
Ella hace una plegaria antes de comer los lirios,
necesita crear un espacio más vasto
un deseo.
Ser buena no alcanzaba para su espíritu, así que
tomó su cuerpo de ave y le puso diamantes en los dientes y
fuego en la venas, le puso

UN JARDÍN
de elementos celestiales.

1 comentario:

emiliano martínez dijo...

conozco una casa, de un amigo, donde hace un tiempo buscaba su lugar este cuadro.